
Una web nueva suele revisarse por cómo se ve. Pero hay otra lista, menos vistosa, que si falta trae multas o deja la web fuera de Google. Es la que revisamos antes de cada lanzamiento.
Libro de reclamaciones. Si atiendes al público, y una tienda online o una web de servicios lo hace, necesitas un libro de reclamaciones virtual. Tiene que estar a la vista, a menos de dos clics de la portada: un enlace en el pie de página sirve. Y tiene que ser un formulario de verdad, que deje elegir entre reclamo y queja, no un cartel que diga que existe.
RUC y datos del negocio. El RUC y la razón social deben aparecer en la web, junto con el domicilio, un teléfono y un correo. El pie de página es el lugar natural para los cuatro.
Política de privacidad. Un formulario de contacto ya recoge datos personales, así que la Ley 29733 aplica. La política tiene que decir quién es el responsable, qué datos se piden y para qué, cuánto tiempo se guardan y cómo pedir que se corrijan o se borren, con un correo que alguien lea.
Cookies con permiso. La analítica y los píxeles de publicidad no deberían cargarse antes de que la persona acepte. Un aviso que aparece cuando las cookies ya se instalaron no cumple su función, y seguir navegando no equivale a aceptar.
Términos y condiciones. Si vendes, son el contrato: devoluciones, plazos de entrega, garantías y canales de atención.
Lo que pide Google. Un título y una descripción propios en cada página, un sitemap, un robots.txt que no bloquee lo importante, la imagen que aparece cuando alguien comparte el enlace y la dirección canónica. Sin eso, la web existe, pero cuesta encontrarla.
Lo técnico que no se ve. HTTPS en todas las páginas, imágenes del tamaño justo para que cargue rápido en el celular, copias de respaldo y alguien que reciba la alerta si la web se cae.
Nada de esto es difícil de hacer mientras se construye la web; lo caro es descubrir que faltaba cuando ya llegó la notificación. Si tu web ya está publicada, vale la pena recorrer esta lista una vez.
